| Consecuencias
para la mujer
Los autores
suelen ignorar o dar escasa importancia a las consecuencias que
esta disfunción sexual tiene para la mujer. La actitud de
la mujer ante una relación sexual condicionada por la rapidez
del hombre varía tanto que no encontramos pautas de comportamientos
válidas para todas ni en todas las ocasiones. Veamos, no
obstante, algunos puntos que consideramos relevantes.
La mujer al
iniciar sus relaciones sexuales, sea por la falta de información
o por inseguridad, suelen mostrar una actitud indulgente o complaciente
hacia el hombre rápido y su reacción en la cama. Cuando,
pasados unos años, aspiran a llegar al orgasmo en el coito,
les resultará difícil mantener esa actitud si el compañero
continúa con eyaculacion precoz.
Hay mujeres
que aun pudiendo disfrutar del orgasmo sin dificultad por diversos
modos de estimulación, esperan ansiosas el momento de vivir
el orgasmo durante la penetración; algunas evitan cualquier
estimulación y hasta rechazan la relación de coito,
aduciendo las consabidas excusas de cansancio, dolor de cabeza,
etc.
La actitud del
hombre que, además de su rapidez, arrastra una deficiente
preyaculacion precoz para la relación de pareja y para la
relación sexual, suele afectar profundamente a la mujer ya
en los primeros años de convivencia. Lo que realmente lamentan
muchas mujeres es que el hombre no atienda las necesidades afectivas
y sexuales de éstas antes o después de haber quedado
él satisfecho.
Para los hombres,
la eyaculacion precoz es con frecuencia responsable de una falta
de motivación para los actos sexuales, una desvalorización
de su propia imagen y la evolución puede llegar a una impotencia
psicológica. Para la mujer la eyaculacion precoz de su compañero
puede también llegar a una falta de motivación para
hacer el amor, una ausencia del orgasmo y puede evolucionar hasta
una frigidez secundaria. Para la pareja, la evolución se
dirige sobre la ruptura de la comunicación afectiva, sensual
y erótica, lo que conduce a menudo a una eyaculacion precoz
de la misma.
Durante los
primeros años de convivencia en pareja, la mujer ve a veces
satisfechas sus necesidades afectivas y sexuales sin la necesidad
de llegar al orgasmo en la relación, sobre todo si no ha
tenido anteriormente experiencias sexuales satisfactorias. Con el
paso de los años, si el hombre no ha acudido a un profesional
y el problema continúa, la mujer llega a la convicción
de que ella significa muy poco para su compañero; experimenta
cambios en su estado de ánimo y en su comportamiento que
la conducen a la pérdida de ilusión y al desencanto.
Cuando la mujer,
como consecuencia de la eyaculacion precoz del hombre, no llega
a disfrutar en la relación sexual, aparte de experimentar
los tan comentados síntomas de frialdad, inapetencia, monotonía,
falta de iniciativa, dolores de cabeza, dificultad en reconciliar
el sueño, desinterés por el sexo, etc., sufre otras
alteraciones psíquicas. La situación la lleva a veces
a sentir molestias físicas internas profundas, dolores intensos
en la zona de los ovarios, malestar pélvico y lumbar, etc.
Estas dolencias van acompañadas a veces de alta irritabilidad
y de un estado de nervios difícil de soportar, debido a la
vasodilatación pelviana que tiene lugar durante la fase de
excitación sexual y no llega a la resolución o descongestión
de la sangre en la pelvis durante el orgasmo. La mujer padece estos
dolores y molestias muchas veces en silencio, sin atreverse a comunicar
nada a su pareja por diferentes razones, bien por la falta de comunicación
en temas relacionados con el sexo, bien por vergüenza, bien
porque piense que él no la va a comprender, que no le va
a dar importancia o, incluso, que pueda interpretar esas reacciones
como exageraciones e impropias de una mujer normal.
La mujer pasa
de la simple aceyaculacion precoztación del coito, a la vivencia
pasiva del mismo, a permitirlo resignada y, finalmente, a tomar
la relación sexual como una obligación. Comienzan
entonces los conocidos síntomas de la mujer que no disfruta
del acto sexual: inapetencia, pasividad, excusas, dolores de cabeza,
aplicación frenética a las tareas de la casa, dedicación
a los hijos, etc.
Como hemos señalado
anteriormente, lo que a veces más le afecta a la mujer no
es tanto el llegar o no al orgasmo durante la penetración,
sino la actitud de despreocupación que muestra el hombre
al iniciar de modo precipitado la relación, buscando con
ansiedad la penetración por temor a no conseguirlo, por temor
a correrse antes de penetrar si se entretiene demasiado. En ocasiones
la mujer llega a sentir que su cuerpo está siendo víctima
de una violación.
Es difícil
comprender el estado de ánimo de la mujer, su sensación
de abandono, impotencia, menosprecio e indignación, cuando
ha vivido durante años, no sólo sin llegar al orgasmo,
sino pasando por momentos de amargura, soledad e incomprensión,
y sin que su compañero se enterara de que por la rapidez,
la relación sexual entre ellos ha sido un desastre limitándose
a un breve momento, a un fugaz contacto seguido del orgasmo masculino.
El desconcierto de la mujer puede ser tal que se echa a sí
misma la culpa de que no funcionen las relaciones, piensa que es
ella la que no funciona bien, duda de si su comportamiento sexual
será normal o no, etc. La situación puede continuar
sin que el hombre ponga remedio hasta que un día la mujer
se planta y se dice: "ya está bien, de aquí no
paso", y se terminan los contactos sexuales o inicia ella una
relación con otro hombre.
Si la mujer
no aprecia en su compañero un interés por mejorar
la situación, los sentimientos para con él suelen
pasar del amor encendido del principio, al desconcierto, duda, desilusión,
incomprensión, rabia, frustración, rechazo del acto
sexual, y finalmente rechazo del compañero no sólo
en cuanto pareja sexual, sino incluso en cuanto hombre, en cuanto
persona; no le sirve como pareja ni como amigo, le puede molestar
hasta vivir en la misma casa.
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